sábado, 6 de octubre de 2012

Capítulo 9


Contemplo su rostro mientras parece descansar. Las lágrimas aún permanecen en sus mejillas pues llora en sueños y es mi corazón el que se rompe sabiendo que no puedo calmarle.

Alzo mi mano hasta uno de sus pómulos y corto el recorrido de aquellas gotas saladas reflejo de su amargura y tristeza. Suspiro al sentir como su piel reacciona ante aquel leve roce. Aún dormida su tez sabe que debe rechazarme.

Sus labios se entreabren y me quedo perdido en la belleza de aquella Venus que yace sobre su cama con un simple albornoz cubriendo su delicado cuerpo. Es una maravilla. Es la mujer perfecta y en mi mente quedarán grabadas todas las pecas que su aterciopelada piel posee.

Bajo mi mirada por todo su cuerpo mientras tirita de una manera tan sutil que parece que lo estoy soñando. Me centro en aquellas piernas de en sueño que comienzan a erizarse por el frío que comienza a tener su dueña. Apoyo mi mano abierta sobre ella y un gemido se escapa de mi garganta. Tiene una electricidad única aquella tela sedosa que tiene como piel. Mis dedos no pueden evitar abrirse sobre su gemelo disfrutando de las descargas que recorren cada célula de mi cuerpo. Ella parece relajarse y aquello me invita a seguir entregándole ese amor que llevo tanto tiempo ocultando.

Me inclino sobre su cuerpo y es entonces cuando viene a mi mente la imagen de un acosador sin escrúpulos abusando de su víctima mientras duerme.

Me separo con la respiración agitada y tapo mis oídos mientras me recrimino a mi mismo lo que estoy haciendo. Deseo tocarla con todas mis fuerzas. Quiero descubrir cada milímetro de ella hasta sabérmelo de memoria pero ella permanece inconsciente en ese mundo al que no puedo llegar, esa realidad que la ha hecho llorar durante horas.

Observo su expresión a través de mi largo flequillo que vuelve a cubrirme los ojos casi por completo. Mis gafas no ayudan a que me percate de ello puesto que descansan sobre las aletas de mi nariz.

Elle parece dormir plácidamente aunque no puedo confiar en que sus pensamientos la estén dejando tranquila durante esos momentos de supuesta serenidad. Al fin y al cabo las pesadillas existen.

Desvío mi mirada de la muñequita que respira rítmicamente para llevarla a la ventana de aquella blanca habitación.

Tamborileo con mis dedos sobre mis sienes y después me mezo de delante atrás. ¿Qué haré cuando llegue a casa? No puedo quedarme con ella a pesar de desearlo con todas mis fuerzas. No creo tampoco que a ella le agradase tenerme siempre a su lado pues para ser exactos ni tan siquiera comprendo como se agarró al clavo oxidado que se encontró tras lo sucedido con Clive. Podría haber corrido a los brazos de cualquiera de sus amigas y así se hubiese sentido mucho más segura, comprendida y cuidada.

Muerdo mi labio inferior y muevo mis manos hasta que consigo dejar de carraspear ligeramente con la garganta ahogando los grititos agudos que siempre se escapan cuando estoy más nervioso, tan nervioso como estoy ahora.

Me acerco de nuevo a Elle pensando si irme o quedarme junto a ella hasta que se despierte. Las posibilidades de su reacción son infinitas pero algunas de ellas extremadamente dolorosas para mí. Si tuviese que ver en su mirada el rechazo, el odio, el asco comprendería al fin que la mirada de bondad no existe nada más que en los sueños que te permites vivir demasiado tiempo.

No tardó mucho tiempo en abrir de nuevo los ojos y fijar su mirada en mí. No se movió. Durante unos minutos parecía una escultura cincelada por el mismísimo Miguel Ángel.

Inhala y exhala. Vuelve a inhalar y es en ese momento en el que se revuelve. Levanta su mano y la deja sobre sus párpados.

- Pensé que te habrías ido de aquí ya –murmura.

Niego como respuesta y ella sonríe pero la sonrisa no le llega a los ojos. Su semblante se torna serio de nuevo y vuelve su mirada hacia mí. Permanece callada, imagino que pensativa, durante unos momentos.

- No puedo más, Daniel –susurra.

No la comprendo. Ella suspira de una manera que hace que mi corazón se encoja del dolor. Tiene una manera de ser que consigue que me estremezca por cada sentimiento expresado por ella.

- No sé como convivir con esto –murmura- Estoy realmente asustada.

Tapa su rostro con sus manos y niega mientras sé que debe estar llorando. Me tumbo a su lado y tomo sus manos lentamente entre las mías. Ella no me mira. Mantiene sus párpados cerrados no dejando que esos ojos azules aunque sean tristes, iluminen mi vida.

- ¿Q-q-qué t-t-te p-pa-pa-s-sa, E-e-ll-lle-e? –pregunto preocupado.

Abre sus ojos de nuevo. Me mira y se acerca acurrucándose en mi pecho pero no dice ni una sola palabra más. No sé porqué. Puede que le cueste hablar de aquello que está viviendo. No comprendo lo que la pasa pero sé que no debe ser agradable si la mantiene llorando durante horas y consigue que se asuste.

De buenas a primeras cambias de la sonrisa al llanto, su cuerpo tirita, sus manos tiemblan y ella parece al borde de los gritos más desgarradores del mundo.  

- Necesito pedirte algo, Daniel –musita.

- L-lo q-q-que qui-qui-quieras –respondo.

- Vete y no vuelvas a acercarte a mí. Es por tu propio bien –dice de manera tan fría que me hiela la sangre consiguiendo que ese sueño imposible al fin llegase a su fin. 

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