lunes, 13 de mayo de 2013

Segunda parte (Capítulo 6)

Abro uno de mis cuadernos y tomo el bolígrafo azul. Tengo que empezar a estudiar. Soy un chico de costumbres y lamentablemente no puedo dejar de estudiar aunque sean vacaciones. Es algo superior a mí.

Estoy desnudo, sentado en la silla del escritorio y sin importarme si alguien puede verme por la ventana de la habitación.

Miro el folio cuadriculado completamente blanco. Sé que dentro de poco estará completamente lleno.

Escucho unos ruidos y sé que ella se está despertando ahora mismo. Se despereza y parpadea muchas veces como lo hace todos los días. Ese sonido de sábanas me indica que se está levantando.

No dejo de pasar el bolígrafo sobre el folio para que así ella no se percate que sé a la perfección que está despierta. Su fragancia comienza a invadir de nuevo la estancia. Su cabello se está moviendo para soltar esa fragancia de dioses.

Escucho como sus pies chocan contra el suelo cada vez que da un paso. Sonrío, no puedo evitarlo, ella se está acercando.

"... estudió bajo las órdenes de uno de los pintores más famosos del momento... "

- Hmmmm -ronronea en mi oído y acaricia mi cuello lentamente con la punta de su nariz- Mira quien está despierto estudiando.

- Y-yo -susurro estremeciéndome al sentir como su aliento golpea mi piel.

- Sí, sé que eres tú -desliza sus pequeñas manos por mi pecho- ese cuerpecito me lo conozco bastante bien -besa mi cuello y roza mis pectorales.

- E-e-e-elle -jadeo suavemente y pongo mis manos sobre las suyas.

Gira la silla y se sienta en mis piernas mirándome fijamente a los ojos. Ella está completamente desnuda también. Sonríe y sus dedos se deslizan por mis cabellos lentamente para después rozar sus labios con los míos.

- E-e-e-el-lle-murmuro sonriendo.
- Daniel -susurra y muerde su labio inferior lentamente- Vente un ratito a la cama. Me gusta estar entre tus brazos.

La miro completamente embelesado para después levantarme justo después de haberlo hecho esta. Sonrío y comienzo a observar su escultural cuerpo. Esos senos, esa piel completa e increíblemente sedosa.

Tomo su cadera con mis manos. Es la primera vez que puedo escaparme de mis rutinas y es porque su hechizo me atrae más que cualquier cosa.

Separo mis manos de ella y comienzo a retorcer mis dedos. Ella al darse cuenta se gira, toma mis manos y las besa. Me sonríe y me doy cuenta que es la mujer más hermosa de todo este mundo. Nadie podrá igualarla porque su belleza aumenta cada día.

Se tumba en la cama y hago lo mismo mientras que acaricio sus manos con las mías. No me deja tumbarme a su lado, me pone sobre ella y me acurruco en su pecho rodeando su cintura dejando mi cabeza sobre sus senos.

- Me encanta estar así contigo -murmura- siempre lo he querido.

Cierro mis ojos y dejo que sus caricias en mi nuca comiencen a tranquilizarme. Ella es la única que sabe como llevarme a un lugar donde no existe el sufrimiento.

sábado, 4 de mayo de 2013

Trailer de When there was no hope

Segunda parte (Capítulo 5)

Observo su rostro mientras parece descansar. Sus labios están ligeramente abiertos pero en sus rasgos se nota el dolor. Sé que ella no quiere contarme lo que pasa por su cabeza. Suspiro y deslizo mis dedos por su mejilla mientras que su ceño lentamente comienza a fruncirse.

Tomo su mano y dejo un suave beso en el dorso de esta para después entrelazar nuestros dedos. Ella lentamente abre los ojos y me sonríe. Llevamos dos días tumbados en la cama y disfrutando las horas entre caricias.

- ¿No te aburres de estar conmigo? -susurra mientras que arruga suavemente su nariz desperezándose.
- Jamás p-p-podría -murmuro.

Deposito un beso en sus labios y ella niega para después agarrar mi cabello. Besa sonoramente mis labios con fuerza y se levanta para irse a la cocina.

Cierro mis ojos y niego para tomarla entre mis brazos y atraerla a mi cuerpo. Beso su hombro mientras ella ríe y me mira fijamente.

Apoya sus manos y entrelaza nuestros dedos en su minúscula cintura. Sonrío y dejo besos por toda su columna haciendo que ella se estremezca suavemente.

- ¿No me dejarás irme?

- N-no -susurro en su oído.

Aprieto su pequeño cuerpo al mío mientras que sonriendo ella se intenta levantar. Muerdo mi labio inferior observando su hermoso cuerpo. Ella se gira y toma mis manos haciendo que me levante. Aprieto nuestros dedos juntos para después caminar hacia el baño junto a ella suspirando embelesado por semejante belleza.

- No sé que has visto en mí -comienza a hablar y apoya su dedo sobre mis labios para que no la responda.

Abre el grifo de la ducha y sonríe unos instantes para después mirar mis ojos y meternos ambos en la ducha.

- No sé porqué ha ocurrido esto ni sé que pasará mañana pero lo que sí sé es que no puedo estar lejos de ti. No quiero vivir sin tu cariño -murmura y me roba un beso.

No la respondo, simplemente dejo que el agua nos recorra.

Segunda parte (Capítulo 4)

Su comisura derecha se levanta sobre el grosor de sus labios y mientras la observo tras mis gafas de pasta no puedo evitar sonreír. Aquella noche ha sido muy especial para mí. Ahora entendía hasta que punto el amor era algo mágico. Si cierro mis ojos soy capaz de escuchar sus jadeos, de sentir su boca contra la mía y de notar sus caricias en mi piel.

Deslizo mi dedo índice por su brazo deleitándome de nuevo con la suavidad de aquella piel que tan solo me había pertenecido a mí por una noche, por un intenso momento de necesidad de ambos.

Sonríe. Sonrío. Espero que despierte pero aún no lo hace y ese momento es perfecto. Velo sus sueños como tantas otras veces había deseado cuando mi corazón se había vuelto loco por su incontenible hermosura.

Se remueve, abre los ojos y se queda quieta, fijando su mirada en la mía. No sé que está pensando. Desconozco si se arrepiente. ¿Sabrá lo que la he amado en secreto?

- Hola -murmura y se acerca a mi rostro para apoyar su frente contra la mía.

- Ho-ho-hola -respondo cohibido de nuevo ante su cercanía.

- ¿Cómo estás?

Siento como sus dedos se pierden en mi cabello y vuelvo a recordar aquel momento tan intenso que jamás podría olvidar.

- Bi-bi-en.. ¿t-t-tú? -pregunto con miedo.

Sonríe. Se sonroja y hunde su rostro en el hueco que hay entre mi mandíbula y mi hombro rozando mi cuello con sus labios.

- Muy bien -responde.

Apoyo mis manos en su espalda desnuda y aprieto su frágil cuerpo contra el mío. Soy consciente de que la necesito, la amo y la adoro como si se tratase de una religión intensa y adictiva.

Ella se acurruca contra mí. Puedo sentir su necesidad de amor, de cariño, de atención como si fuese la mía propia. Quiero saber todo de ella, perderme en sus miedos y fundirme con sus recuerdos. Deseo saber más que nadie de su infierno y encontrar de él una salida.

Apoya su mano en mi mejilla y observo la cicatriz que dejó aquella horrible cuchilla que intentó arrebatarme a mi dueña. Tomo su muñeca y beso aquella herida para después sentir como el cuerpo de aquella princesa se tensaba.

- ¿Por qué haces eso? -murmura con un tono gélido.

- P-p-porq-q-que t-t-to-d-d-do t-t-te ha-a-ce p-p-perfec-ct-cta -susurro.

- No lo hagas, Daniel -responde y se incorpora quedando sentada en la cama.

Me incorporo con ella sin entender. Ve un sufrimiento que no me gusta y espero que pueda soltarlo, que confíe en mí y me cuente lo que atormenta su alma pero no lo hace, permanece en silencio. Sufre sola. No me incluye y eso me destroza. La abrazo, la aprieto contra mi pecho y poco a poco deja de estar tensa.

Es entonces cuando me hago una nota mental: Ella siempre necesita cariño aunque se aleje, aunque no lo pida o pida lo contrario

domingo, 14 de octubre de 2012

Segunda parte (Capítulo 3)


Sus labios son tan suaves. No sé qué puedo hacer. Jamás en mi vida he recibido un beso pero es lo más hermoso que puede pasarme. En mi estómago siento un hormigueo y mis mejillas se vuelven completamente rojas por la vergüenza de no ser capaz de devolver aquel gesto.
Sus pequeñas manos se posan sobre mis mejillas y sigue besándome. Mis manos temblorosas suben hasta las suyas y ella se encarga de entrelazar nuestros dedos.
Aquello es el cielo. ¿Me amará acaso? No me importa. Solo quiero perderme en ese beso toda la vida.
Con delicadeza sus labios van llevándose los míos abriéndolos. Es lo mejor que ha podido pasarme nunca.
Acaricia con delicadeza con sus dedos los lóbulos de mis orejas y sin que abra los ojos soy capaz de saber que ella me está mirando. Separa un solo instante aquellos delirantes labios de los míos y suspira.
- No me dejes, Daniel –murmura-. Tú no.
Mi vulnerable y frágil Elle. Jamás iba a irme de su lado aunque me lo gritase. Solté una de sus manos mientras negaba y la puse sobre su mejilla.
- N-n-nun-n-c-c-ca –respondo.
Vuelve a besarme complacida al escuchar aquella promesa de entre mis labios y enreda sus pequeños dedos en mi cabello apretando nuestros labios de manera que me cuesta respirar un poco. 
No me es fácil saber qué hacer pero sus labios se amoldan a los míos sin mucha dificultad y aunque me cuesta, me dejo llevar. Dejo que me guíe. Ella tiene experiencia al menos besando pues otras veces la veía besarse con Clive. Ahora esa perfecta boca era mía. No la soltaría jamás.
Su boca se oprime más contra la mía como si necesitase que la besase para seguir viva y solamente por ese pensamiento es cuando mi mano se apoya en su nuca atrayendo todo lo que puedo a mi rostro, el suyo cincelado por los ángeles.
Siento como poco a poco se está poniendo de rodillas sobre la cama y tengo que alzar mi rostro hasta el suyo para que nuestras bocas no se separen.
Puedo notar como me necesita tanto como yo a ella pero no sé de qué manera la ansío.
Mi corazón palpita tan fuerte que me duele el pecho pero es la primera vez que el dolor me gusta. Mi respiración se entrecorta y escucho como ambos jadeamos suavemente entre nuestras bocas por la intensidad que está alcanzando ese beso. Hay pasión, hay locura, hay amor mezclado con amargura y no podría ser más feliz.
Sé que está desnuda ante mí. Vulnerable. Nadie antes la ha contemplado así y soy yo quien ahora la besa desesperado por no perderla nunca. Deseoso de fundirme en su alma para no tener que alejarme ni un milímetro de ella, de su fragancia, de todo lo que invita a cometer pecados siendo ella el mal a consumar.
Devoradora de almas, Elle se transforma en una diosa de la seducción que con su cuerpo logra descubrir en mí sensaciones hasta ahora desconocidas.
Toma mi mano en medio de aquel beso loco y hace que descienda de nuevo por sus curvas lujuriosas. No me resisto, lo hago gustoso.
Su piel bajo mi palma reacciona a su paso. Sus poros se abren, ella se estremece y su respuesta voluntaria es besarme con más pasión.
Gimo levemente sobre sus labios cuando mis dedos rozan la comienzo de esos montículos. Llevo mi otra mano a su cuerpo y los tomo consiguiendo que de Elle escape un glorioso gemido que no reprime.
El rubor cubre nuestros rostros pero la pasión es cegadora. Quiero volver a escuchar esos sonidos que se mezclan con mi propio adn.
Aprieto sus senos cuando mis manos los abarcan por completo y ella vuelve a gemir. Me regala ese grito ahogado que me hace estremecer de pies a cabeza. Siento mi cuerpo vibrando por la excitación de aquellas sensaciones y dejo que a pesar de mis miedos gobierne en mi raciocinio mis impulsos.
 Mis pulgares comienzan a jugar con aquellos botones que empiezan a endurecerse y me quedo absorto mirándolos sin dejar de mover mis dedos a su alrededor. Es encantador escuchar sus reacciones contra mi boca.
Ella me quita las gafas y las deja a un lado mientras nos tumba lentamente en la cama. Coloco entre sus piernas y estira mi labio inferior con sus dientes. Sonrío como tonto.
- Bé.. bésame –murmura sonrojada.
Contemplo su belleza unos segundos entrecerrando mis ojos y vuelvo a besar sus labios torpemente pero a ella parece gustarle. No lo rechaza.
Mis manos mientras tanto continúan acariciando aquella parte de su anatomía que deseo venerar el resto de mi existencia.
- En… en… el cuello –musita entre jadeos y gemidos.
Agarra mis muñecas para que no me separe de sus senos por lo que comprendo que debe querer tener mis labios en su cuello de cisne. Me separo con dificultad de aquellas pequeñas almohadas y recorro con mi boca el camino que hay de su comisura hasta la parte más alta de su cuello como si fuese una simple caricia mientras ella echa su cabeza hacia atrás dejándome garganta a mi disposición.
- Bésame –me indica.
Asiento y dejo un pequeño beso en él. Ella complacida sonríe y emite un pequeño ronroneo que me indica que le gusta. Vuelvo a besar su cuello y voy bajando dejando minúsculos besos por toda su longitud.
Sé que solamente me ha pedido su cuello pero ¿qué pasaría si recorriese con mis labios aquellos montículos que ahora tengo entre mis manos?
Mis manos descienden por sus costados soltando sus senos acariciando con dulzura la forma de sus curvas. No debería estar haciendo eso pero me gustan las reacciones que causa en ella. Comienzo a besar su clavícula bajando hasta el comienzo de sus pechos. No puedo evitar gemir al notar como su piel va siendo cada vez más suave bajo mis labios.
- Daniel…
Escuchar mi nombre salir de entre sus labios no me hace parar sino al contrario me anima a continuar.
Sigo descendiendo por aquellos hermosos montículos y beso cada centímetro de aquella piel única sin posible comparación. En mi cabello siento como sus dedos se agarran entre mis mechones y mientras arquea suavemente su espalda empuja mi boca más contra aquella perdición, ese pecado divino que son sus pechos.
Sus labios deben estar muy abiertos porque la escucho sin problema alguno gemir una y otra vez por aquella nueva sensación que estamos ambos experimentando.
Estiro mis dedos por su piel hasta que abarco casi por completo el costado de sus caderas y la parte superior de sus muslos. Me estoy volviendo adicto a todo aquello.
Dejo un beso sobre cada uno de sus pezones tan duros como piedrecitas y ella vuelve a emitir esos sonidos que tanto me atraen.
Sonrío con mi respiración acelerada y ella me frena cuando voy a volver a besar su anatomía. Me mira a los ojos y con sus manos colocándolas en mi espalda va subiendo mi jersey. Poco a poco, sin prisas. Me lo quita por el hueco de la cabeza y lo tira fuera de la cama. Después pasa uno de sus dedos por mi flequillo y me lo aparta de los ojos.  Tan dulce como el primer día.
Permanecemos mirándonos a los ojos como dos niños que saben que están haciendo algo malo pero deseosos de continuar con esa diablura. Parpadea un par de veces mientras que las yemas de sus dedos rozan mis mejillas hasta encontrarse con mi polo. Desabrochan el primer botón. El segundo. El tercero. Sus manos bajan por mis costados y sacan el polo de mis pantalones para después quitármelo al igual que el jersey.
Me sonrojo por completo. Es la primera vez que alguien ve mi cuerpo sin ropa, al menos que yo sea consciente de ello y quitando la vez que descubrí como ella misma me había visto cambiarme la ropa.
Ahora las sensaciones son tan diferentes. No quiero huir como ese día por la vergüenza. Quiero quedarme y que ambos disfrutemos de la desnudez del otro de todas las maneras existentes.
Elle baja su rostro y besa mis labios lentamente mientras que sus manos recorren mi espalda haciéndome jadear en su boca, en aquella dulce boca en la que moriría feliz.
Cuando llega a la cinturilla de mi pantalón desliza suavemente sus dedos por dentro haciendo que mis manos situadas sobre sus muslos los aprieten instintivamente. Sus pequeñas manos se sitúan entre nuestros cuerpos y desabrocha el botón de mi pantalón bajando poco a poco el vaquero ayudándose de sus pequeños pies.
Me besa con más pasión y en unos minutos estoy completamente desnudo al igual que ella.
Mi respiración y mi corazón están a un ritmo loco y puedo sentir contra mi pecho que a ella le sucede igual.
Muerde suavemente mis labios y sus dedos se hunden en mi cabello instándome a besarla con la misma desesperación con la que ella lo está haciendo. Me cuesta un poco pero le devuelvo la misma necesidad que recorre mi cuerpo o al menos eso es lo que creo.
Gemimos en la boca del otro mientras soy capaz de darme cuenta de una excitación asombrosa que recorre mi ser. Siento una presión en mi entrepierna que me hace desear más de aquella situación pero no sé qué se puede tener a parte de esos besos, esas caricias y ese encantador sonido que sale de su garganta.
- Haz… hazme el amor –susurra Elle entre besos apasionados.
- N-n-no… n-n-no.. s-s-sé –respondo.
He leído sobre esos encuentros en los que un hombre y una mujer se entregan hasta el amanecer para demostrarse su amor, su pasión, su lujuria y desenfreno pero desconozco como hacer que ella sienta en su piel lo que en mi interior siento.
“Intenta recordar”  me obligo mentalmente para pensar en las palabras exactas de alguna de aquellas novelas románticas que me darían la clave para hacer lo que mi amor me estaba pidiendo.
Entrar en su interior. Esa era la única frase que llegaba a mi mente pero ¿cómo entraría en su interior? ¿Qué significaba exactamente?
Elle sube sus piernas flexionándolas a mis costados y por ese movimiento siento como nuestros sexos se rozan lo que nos hace gemir audiblemente a los dos.
Me mira avergonzada y baja su mano por mi cuerpo hasta que siento como agarra mi miembro en esa pequeña mano. Ella se sonroja aún más que antes pero yo la beso para que entienda que todo lo que soy es suyo para siempre.
Noto como la punta de mi miembro roza una entrada humedecida y eso me hace gemir de nuevo. ¿Es eso hacer el amor? De ser así no es tan placentero al menos para una parte de mi anatomía pero si disfruto de ello.
Su boca me besa con más necesidad como a la espera de algo y es en ese momento cuando recuerdo otra frase de mis lecturas. “Nuestro vaivén…” Debería moverme por lo que lo hago. Me inclino más sobre ella y es entonces cuando siento como voy penetrando en su interior sin querer pero el placer de ambos nos hace separar nuestras bocas para pedir más.
Elle aprieta más sus dedos en mi cabello haciéndome un poco de daño pues tira de algunos mechones pero vuelvo a introducirme lentamente en ella.
Notar como se abren aquellas húmedas y delicadas paredes para dejarme paso me hace volverme loco de placer. Ahora si entendía las historias, aquello debía ser hacer el amor.
- En… entra y sal –susurra Elle jadeante.
Hago lo que me pide y no puedo describirme a mí mismo el placer que aquellas suaves embestidas estaba generando en mí mientras que nuestros gemidos se pierden en la habitación. 

sábado, 13 de octubre de 2012

Segunda parte (Capítulo 2)


Atemorizada contemplo la luz del amanecer mientras Daniel aún permanece dormido junto a mí. Es lo único que me mantiene anclada a la realidad pero sé que cuando la luz regresa, él tendrá que abandonarme durante unas horas para ir a clase.
¿Podré hablarle hoy de lo que siento? Seguramente no sería capaz de escuchar lo que mi mente piensa a cada segundo y como eso me hace sentir. Él necesita dulzura, merece que le cuiden como nadie más lo ha hecho antes.
Le observo mientras lloro en silencio. Él duerme a mi lado sin inmutarse y cuando eso pasa uno de los pensamientos que gobierna mi mente me perturba con tantísimo dolor. Creo que no le importo lo suficiente para estar a mi lado, despierto, cuando más le necesito pues puede estar en su mundo tranquilo, en la inconsciencia.
Sé que no es justo para él que piense así pero no soy capaz de evitarlo, es superior a mis fuerzas…
Dejo de leer. Me duele saber que piense algo así sobre mí cuando desde aquel día no me he separado de ella.  Me pone ansioso abandonarla aunque sea unos segundos. Es tan vulnerable.
Escucho el sonido de la puerta y veo su perfecto cuerpecito enfundado en el albornoz que trajo de su casa. Me sonríe ligeramente al ver que estoy sentado en la silla de su escritorio.
Camina lentamente hacia mí y se sienta sobre mis piernas observando de manera inquietante mi rostro. No habla, con la mirada lo quiere decir todo pero su mirada es tan triste, tan pesada que no puedo mantenerla mucho tiempo.
Apoya su frente contra mis cabellos y con mis brazos rodeo su pequeña cintura atrayéndola a mi cuerpo para que así no pueda caerse. Deja un beso en mi cabeza y se queda quieta mientras llena sus pulmones de aire. No puedo evitar imitarla pues me encanta como huele después de ducharse.
- ¿Sabes? –susurra tan bajo que parece que habla con ella misma.
Niego y mis dedos se pierden entre los pliegues de su albornoz que es suave pero jamás tanto como su maravillosa piel de porcelana.
- He soñado con lo que pasó…
- E-e-ll-ll-e-e, n-n-no….
- Tranquilo… -apoya sus dedos ligeramente arrugados por el agua de la ducha sobre mis labios- estoy bien.
Suspiro por su dulce tacto y abro lentamente mis dedos en su cintura mientras sus ojos se mantienen fijos en mi rostro.
- ¿Lo recuerdas? –pregunta.
- S-sí-sí –susurré.
¿Cómo no recordar ese momento? ¿Cómo borrar de mi memoria el momento en el que más había sufrido de mi vida? Ahora entendía lo que en tantas historias había leído. El amor nos hace vulnerables. Da cartas al enemigo para lastimarnos y a la persona que amas para que te mate por dentro.
Cierro mis ojos y respiro su fragancia mientras mi cuerpo comienza a tiritar cuando a mi mente llega el recuerdo de su cuerpo tumbado sobre el frío suelo. Su rostro completamente lleno de lágrimas, hipando de la amargura, el terror que sentía. No veía nada que no fuese la oscuridad delante de sus ojos.
En su mano derecha aún estaba el arma con el que había cortado sus muñecas hasta tal punto que la sangre recorría sin problemas las baldosas de la minúscula habitación.
- ¡N-n-no! –grité mientras caía junto a ella.
Tomé unas toallas y las apoyé sobre sus muñecas para que no saliese más sangre de ellas. No quería ni pensar en la sola posibilidad de que pudiese perderla. No, ella no. Cualquiera menos ella. Mi Elle, no. Mi vida no.
Las lágrimas recorren mis mejillas y siento sus labios apoyarse sobre su trayectoria besándolas y secando de esa dulce manera mi rostro.
- Mi héroe –susurra.
Abro mis ojos encontrándome con los suyos y acaricia con delicadeza el contorno de mis labios. Perdiéndome en la inmensidad de su belleza mis labios se entreabren hasta que ella puede contemplar el inicio de mis dientes.
- ¿Qué sientes por mí? –pregunta inquisidora como si ya lo supiese.
- T-t-te q-qu-quie-r-ro m-mu-uch-ch-o –respondo bajando mi mirada.
No puedo confesarle la verdad. No soy capaz de decirle que estoy perdidamente enamorado de ella desde el mismo momento que la vi. Me creería un estúpido.
Se levanta de mis piernas dejando mis brazos completamente vacíos sin su cuerpo. Tengo que relajar mi respiración pues tantas emociones pueden conseguir que no sepa lo que hacer.
Me giro en la silla y apoyo mi cabeza entre mis manos. Tengo que borrar ese recuerdo doloroso pero ya he comenzado a reproducir la cinta y ya no puedo pararla.
La ambulancia llegó poco tiempo después de que les suplicase tartamudeando que llegaran. Me preguntaron lo que había sucedido y a duras penas pude responderles que aquella muñequita tan perfecta como única en este mundo se había encerrado en el baño sin ni tan siquiera haber podido impedirlo.
Metieron su cuerpo inconsciente y bañado en lágrimas en la parte trasera del vehículo. No sabía si ir con ella o no pero lo hice. Me subieron y me senté junto a ella observando sus ojos cerrados y su rostro sufriendo. Aún en otra realidad seguía sufriendo.
Siento sus manos en mis hombros y como lentamente va dando la vuelta a la silla. Me mira pero yo no puedo verla. No ahora. La necesito a mi lado pero mi miedo nubla mi mirada. Sé que podría perderla tan pronto como parpadease y no quería que ocurriese jamás.
Toma mi mano y es entonces cuando puedo escuchar la música que ha puesto. Parece una banda sonora de una película pero no recuerdo exactamente cuál.
Me levanto mientras sus dedos se deslizan entre los míos y aprietan ligeramente mi mano observando cada reacción de mi rostro.
No sé lo que quiere pero mi mirada vuela hasta sus ojos azules que parecen estar llenos de temor. Sus mejillas sonrojadas invitan a acariciarlas pero no hago nada pues no sé para qué me necesita.
Camina hacia detrás y se queda en el borde de la cama arrastrándome con ella. Apoya su mano libre en mi nuca acercándome poco a poco a su rostro, sin prisa alguna.
- He visto tus dibujos –sisea haciendo que su aliento roce mis labios.
Me sonrojo por completo. Sé a lo que se refiere. La he observado alguna vez desnuda y he intentado reproducir sus perfectas curvas en mi bloc siendo prácticamente imposible. Una fracción de segundo no me permite plasmarla en todo su esplendor.
- No tomes esto como que soy una… cualquiera –susurra mucho más nerviosa- pero quiero que puedas terminarlos. ¿Qué necesitarías?
Siento como mi respiración se vuelve tan irregular como los latidos de mi corazón y aprieto entre mis dedos de mi mano libre el puño de mi sudadera. Jadeo ligeramente y sin ser capaz de mirarla respondo.
- Ve-ver-r-t-t-te.
Ella parece entender y se aleja solamente un poco de mí para desabrochar el cinturón de su albornoz dejando que después resbale por su precioso e inmaculado cuerpo.
Aprieto mis manos para controlar mi deseo de recorrer con ellas toda su piel y memorizar cada centímetro de su anatomía como si fuese un ciego.
Sus dedos temblorosos cogen mi barbilla y hacen que suba mi cabeza para encontrarme con sus ojos. No puedo mirar su cuerpo por lo que cierro los ojos. Eso está mal. Seguro debe estar pasando por algún episodio extraño y no es consciente de lo que está haciendo.
- Mírame, Daniel –susurra.
No. No lo haré. Niego frenéticamente a pesar de que sus manos colocándose en mis mejillas intentan parar mis movimientos.
- Daniel, tranquilo.
Sé que ella debería ser la única que estuviese nerviosa pero yo no puedo evitarlo. Es una diosa ofrecida a un pobre tonto y todo lo que tiene que ver con ella me lleva a un estado de ansiedad demasiado grande como para soportarlo sin que nadie lo note.
- Ya… sh.. –besa la punta de mi nariz-. Tranquilo.
Siento como una de sus manos coge la mía y hace que poco a poco mi brazo se estire hacia ella. No tardo mucho tiempo en sentir su pómulo bajo mi palma. Es tan agradable poder tocar sus rasgos.
- Tranquilo.
En su tono he sido capaz de palpar su nerviosismo y antes de que pueda hacer nada ella hace que mi mano comienza a descender por su cuello hasta la parte superior de sus senos. Ya no hay posible marcha atrás. Ahora soy esclavo de ese suave tacto del inicio de aquellas montañas.
- Mírame –me suplica.
Abro mis ojos por su tono de voz y veo sus mejillas tan rojas que parecen pequeños tomates adorablemente colocados en el lugar idóneo.
Está entregada a mi tacto y mis dedos ya recorren aquel montículo tan suave y delicado. Bajo mi mirada a él y suspiro. Quiero sentirlo toda mi vida. Es tan perfecto e increíblemente redondeado. En la parte más baja posee un pequeño botoncito al que todos deben llamar pezón. Es tentador, invita a jugar con él y mi dedo pulgar no puede evitar pasar alrededor para descubrir su textura. Está duro y se mueve levemente. Vuelvo a pasar mi pulgar y Elle gime.
Alzo mi mirada hacia ella que avergonzada mira hacia otro lado. ¿La he hecho daño? Parece que no. ¿Puede haberle gustado?
Temeroso subo mi otra mano hasta su otro montículo mientras veo como Elle cierra los ojos. Aprieto con suavidad aquella blanda carne y ella vuelve a gemir. Le gusta y por algún motivo eso me resulta de una manera que desconozco, atrayente. Quiero volver a escuchar esos gemidos.
- T-t-túm-m-mb-bat-t-te –le pido.
Ella abre los ojos y asiento. Baja con mucha suavidad y se tumba sobre la cama. Me mira nerviosa. Su respiración es tan rápida como la mía.
Me quedo observando durante unos minutos como sube y baja su abdomen al ritmo de su respiración.
Me siento junto a su cadera y con uno de mis dedos con mucho cuidado voy recorriendo aquel cuerpo que invita al pecado.
Mi musa cierra los ojos, no sé porqué, pero eso hace que la imagen que contemplo sea aún más hermosa.
Bajo mi dedo por entre sus pechos llegando a su ombligo. Su piel se eriza ante mis caricias y trago con dificultad mientras mi dedo dibuja el contorno de aquella pequeña cueva que tiene en medio del abdomen.
Un suspiro sonoro se escapa de entre sus labios mientras bajo mi dedo hasta su cintura. Rozo levemente su vello púbico y ella agarra las sábanas. El tacto de ese vello es muy distinto al de su cabello pero aún así me gusta.
Elle abre sus piernas mientras mis dedos se aventuran por su monte de Venus hasta llegar a la intersección de sus labios vaginales.
- Oh… -gime.
Deslizo la yema de mi dedo índice por entre ellos comprobando que está húmedo. ¿Por qué está húmedo?
Tiene un cuerpo maravilloso y aquella sensación de sentirla siempre la llevaré en mi recuerdo pero mi cuerpo parece desear más. Por primera vez siento un dolor en mi entrepierna que no me resulta para nada familiar. ¿Qué está ocurriendo? ¿Deberé ir al médico?
Quito mi mano de Elle preocupado por lo que pasa en mí y en dos segundos tan rápido que desconozco como ella se incorpora quedándose a milímetros de mis labios.
- ¿Tienes… suficiente?
Asiento y ella me mira durante unos instantes creo que debatiéndose sobre algo. No sabe si debe o no hacer lo que sea que está imaginando. Quiero preguntarle lo que le aflige pero cuando abro los labios los suyos se estampan sobre los míos haciendo imposible que hable pero regalándome mi primer beso. 

sábado, 6 de octubre de 2012

Segunda parte (Capítulo 1)


Cierro mi cuaderno cuando suena el timbre que indica el final del curso. Ya no queda nada que hacer, no son necesarias horas de estudio. Puedo dedicarme por completo a mi nueva tarea.

Me levanto y meto mis bolígrafos en mi estuche. Introduzco el estuche en mi mochila y me la cuelgo al hombro. No me dejo nada.

La temperatura ha ascendido considerablemente en comparación a años anteriores en este país. Las corrientes cálidas del Sáhara no permanecen solamente en España sino que se desplazan a nuestro país. Algunos lo llaman calentamiento global. Yo simplemente lo nombro calor sofocante. Suelo ser bastante sencillo a la hora de ponerle nombre a lo que me rodea.

Agarro con fuerza el tirante de mi mochila mientras rememoro aquel horrible mes en el que toda la vida tal y como la conocíamos cambió.

Miro de un lado al otro tras los cristales de mis gafas. Clive y sus amigos aún no han salido del gimnasio. Puede que esta vez me libre de la paliza diaria. Solamente el recuerdo de sus puños hundiéndose en mis músculos hace que tenga náuseas.

Se me escapa un jadeo aterrorizado y corro hasta la salida tropezándome con mis propios pies. De vez en cuando miro hacia atrás deseando que aquella enorme puerta no se abra hasta que no esté tan lejos que no entre en su campo de visión.

Me voy chocando con mochilas, escucho como me gritan pero sé que será el último día que vea esas horribles caras, que oiga sus desprecios pues el instituto ha terminado y comienza otra nueva  etapa, la universidad.

Doblo la esquina y sonrío suspirando aliviado. Ya no podrán encontrarme. No podrán hacerme daño porque desconocen a donde voy y tras las vacaciones espero no ser la presa de ningún abusón hambriento.

Me coloco las gafas en su lugar mientras vuelvo a caminar a un paso decidido pero no cansino. Mi respiración poco a poco vuelve a la normalidad. Tengo que tener fuerzas para enfrentarme a la nueva tarea. No sé cómo será la escena hoy. Puede que esté hasta yo aterrorizado pero parecía haber mejorado los últimos días.

Deslizo mi mochila hasta mi pecho y corro la cremallera del bolsillo pequeño hasta que puedo meter mi mano en él. Busco las llaves y me quedo frente a una puerta. La casa está en un barrio completamente desierto. Es el peor barrio de la ciudad pero dentro de aquella casa quizá esté lo más valioso que jamás haya existido.

Puede que a nadie le guste pero es el único hogar que me he podido permitir con el dinero que me pasa Christine. Ella continúa siendo mi madre pero su divorció de su esposo Gilbert encontrando a un hombre mucho mejor en poco tiempo. Cambió de ciudad pero yo no podía irme, tenía que quedarme aquí para poder poner fin a la gran agonía que azotaba mi vida.

Meto la llave en la cerradura de mi hogar y entro en él. Está todo tal y como lo dejé. Parece que no ha pasado nada malo. Sonrío un poco aliviado mientras camino con precaución hacia la habitación.

Allí yace. Su delicada anatomía formando curvas imposibles sobre unas sábanas viejas y gastadas. Sus pequeños piececitos están juntos.

Jamás podría cansarme de contemplarla mientras duerme. Me acerco a la cama y dejo en el suelo mi mochila junto a mi carpeta. Con cuidado deslizo mis dedos por su cabello hasta apartarlo de su rostro. Lleva tanto tiempo dormida que no puedo evitar preocuparme. Apoyo mi dedo índice y mi corazón sobre su cuello para comprobar que tiene pulso.

Está bien. Al menos está durmiendo pero viva. Mi Elle. Me dio un susto tremendo aquel fatídico día mientras que yo descansaba. Un chillido me despertó y entre gritos supe que la estaba perdiendo.

Cuando fui capaz de abrir la puerta la sangre recorría sin problemas el suelo. Sus muñecas cortadas y ella estaba a punto de morir. ¿Por qué hizo eso?

Muevo mi cabeza para quitar ese recuerdo de mi mente. Ahora está allí. Eso es lo único que importa. Esa dulce muñeca no puede desaparecer de la faz de la tierra, aún le queda demasiada vida.

Se revuelve y abre ligeramente sus ojos. Sonrío y contemplo la dulzura de su mirada. Alza una mano y roza mi mejilla.

- Hola, Daniel –murmura con su voz un poco rasposa.

- Ho-o-ola, E-e-ll-ll-e –respondo.

Disfruto como un niño pequeño de su delicado tacto. Me encanta cuando me dedica un momento de afecto. Ahora es ella. Una deliciosa y tierna princesa encarcelada por un monstruo malvado.

Me acerco a ella. Elle coge mi cara entre sus manos y junta nuestras frentes. Está serena como un bebé que se ha curado de su mal. Ronronea como un gatito mientras acaricia mi nariz con la suya. ¿Cómo puede sufrir tanto un alma tan pura?

- Y-ya n-n-no t-t-teng-g-o que ir a cl-clas-se –anuncio con una enorme sonrisa en mi rostro.

- ¿Ahora eres todo para mí? –pregunta mientras las comisuras de sus labios se curvan hacia arriba.

- S-s-sí –respondo inmensamente feliz.

Parece gustarle la idea. Verla relajada me gusta. Ojalá estuviese siempre así. Ella es realmente como ahora la estoy observando y si alguien pudiese verla entendería el inmenso amor que crece en mi interior por esa dulce niñita tan vulnerable.

Las yemas de mis dedos, caprichosas, rozan la piel de su cuello de cisne. Se eriza pero no la esquiva, al contrario, le gusta y no dice nada. Permanece quita para que pueda seguir recorriendo esa parte de su anatomía con mis torpes caricias.

Suspira y deja un dulce beso en la punta de mi nariz para después separarse de mí. Me sonríe y besa mi mejilla antes de girarse. Apoya su peso en su codo para después levantarse de la cama.

La contemplo boquiabierto mientras se despereza. Camina hasta el baño y se mete en él. Sé que va a ducharse pero igual no me quedo tranquilo. La última vez que desapareció tras una puerta estuve a punto de perderla.

Estiro las sábanas de la cama y la hago. Pongo los cojines encima de la colcha. Después camino hasta el escritorio y sonrío al ver que está lleno de los folios en los que suele escribir Elle. Su caligrafía ha cambiado después de aquel día.

Suspiro y observo los relieves del folio. Ha estado llorando. Siempre que escribe se emociona para bien o para mal pero derrama tantas lágrimas que me parte el alma. Ella se merece ser protegida de todo pero no soy lo suficientemente fuerte como para evitar que ella misma se lastime.

Me dejo caer en la silla mientras observo la ventana que hay haciendo las veces de pared en ese lado de la sala. Aún escribe sobre esos momentos, sobre sus pensamientos para que yo los lea y pueda entenderla.
Es difícil saber lo que su mente puede llegar a procesar en un solo minuto pero lo peor no es eso sino la cantidad de maneras negativas que hay de ver una misma situación. Ella es única descubriendo maneras de hacerse daño con cualquier pequeña cosa: una palabra, un gesto, una risa que ha escuchado a lo lejos… Todo parece tener que ver con ella para herirla. No es capaz de procesar que el resto del mundo no la odia.
Suspiro triste y recojo todos esos folios para meterlos en una de sus carpetas ordenándolos de la manera más precisa de la que soy capaz.

Tras ello saco mi bloc de dibujo y sonrío al ver mis bocetos de su dulce figura en innumerables ocasiones. Jamás ha visto mi musa esos trazos. Sé que algún día cuando tenga valor le diré todo lo que siento por ella como para desear observar cada segundo su resplandeciente forma.

Tomo mi lapicero y me dispongo a terminar la última de mis obras.