domingo, 30 de septiembre de 2012

Capítulo 8


En la medio de la oscuridad no soy capaz de ver nada. Mi corazón martillea fuerte contra mi pecho. A pesar de que parece que estoy sola, algo en mi interior me indica que mi percepción no tiene porqué ser correcta.

Alzo mi mano hasta dejarla frente a mis ojos pero no soy capaz de percibir su forma. Suspiro preocupada estremeciéndome. El frío empieza a calar mis huesos.

¿Estoy rodeada de algo en particular? No. Mi cuerpo parece tener la ropa puesta, al menos eso palpo.
Ojalá pudiese ver algo. Esa oscuridad me está poniendo realmente nerviosa y más teniendo la sensación de ser observada por alguien y no estar sola.

Intento tranquilizar mi respiración. El eco parece traerme mi respiración una y otra vez pero después comienzo a percatarme de que el supuesto eco no tiene el mismo ritmo. Allí hay alguien más.
Aprieto los puños mientras mis latidos se aceleran. ¿Dónde estoy? ¿Quién está conmigo?

Siento un objeto gélido rozar mi piel. Doy un brinco e intento escaparme de esa caricia. Desconozco lo que ha podido tocarme y eso me pone aún más nerviosa. Miro a todos lados pero la oscuridad no me permite ver ni tan siquiera mi nariz.

Unos dedos se deslizan por mi brazo hasta agarrarlo e intento gritar por el miedo pero de mi boca no sale ningún sonido. ¿He perdido la voz?

Mi cuerpo lentamente se va quedando paralizado porque unos objetos helados agarran cada parte de mis extremidades para inmovilizarme por completo. Intento forcejear pero el miedo me tiene estática dejando que aquella serpenteante sustancia fría haga conmigo lo que desee.

Poco a poco se va iluminando todo a mi alrededor. Una pequeña luz desde lejos deja ver parte de la oscuridad como penumbras. El foco de luz se va acercando lentamente hasta mi posición.

Bajo mi mirada a mi cuerpo y me percato que me tienen sujeta varias manos frías, que parecen descomponerse. ¡No! Otra vez la misma pesadilla. Ahora soy consciente que no es la realidad, que todo me es familiar, que es obvio que estoy sumergida en un sueño.

Aquella llamita se va acercando y observo que una mano la tiene sujeta mientras camina a paso lento.
Quiero llorar. Estoy aterrada y no tengo manera de escaparme. No parece que vaya a despertar pronto. El sueño es tan vivido que sé que mi cuerpo está sudando fríamente.

Unos ojos rojos me observan desde el otro lado del candil y despierto sobresaltada gritando con todas mis fuerzas.

Estoy en mi habitación. Tengo un albornoz sobre mi cuerpo y no recuerdo como he llegado allí. Me duele el pecho y la cabeza. Siento mis latidos en mis sienes y como mi corazón sube hasta mi garganta. Las náuseas hacen su aparición y un escalofrío recorre todo mi cuerpo haciendo que convulsione.

Alguien está junto a mí. Giro mi cabeza y me encuentro con los gruesos cristales de las gafas de Daniel. Me mira aterrado, su rostro está desencajado por la preocupación.

- ¿E-e-ll-ll-e-e?

No soy capaz de responder tampoco puedo moverme tan solo permanecer observando aquellos ojos que no me miran con dureza, ni esperando algo de mí sino que necesitando realmente saber si estoy bien.

- ¿Es-s-t-t-tas b-b-bi-bien? –pregunta mientras una de sus manos temblorosas sube hasta mi mejilla.

Seca una de mis lágrimas y es entonces cuando me doy cuenta que estoy llorando sin consuelo mientras mi cuerpo tirita. Cierro mis ojos y me estremezco sin pronunciar palabra aún. Solo deseo que esos brazos me rodeen y me abracen. Quiero sentirme segura, llorar y llorar durante horas mientras alguien me abraza, me protege y no deja que me suceda nada.

- ¿E-e-ll-ll-e-e?

Respiro profundamente y me apoyo en su pecho tirándonos a ambos sobre la cama. Las lágrimas se deslizan por mis mejillas con rapidez. Su pecho es reconfortante para mí pues en él solo reside un corazón puro sin deseos de arrancarme cada pedazo de mi cordura. Es el único en el que por el momento puedo confiar y eso me agrada. No sé si le contaré todo lo que en mi mente sucede pero ahora solo necesito un abrazo. El suyo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario