En la medio de la
oscuridad no soy capaz de ver nada. Mi corazón martillea fuerte contra mi
pecho. A pesar de que parece que estoy sola, algo en mi interior me indica que
mi percepción no tiene porqué ser correcta.
Alzo mi mano hasta
dejarla frente a mis ojos pero no soy capaz de percibir su forma. Suspiro
preocupada estremeciéndome. El frío empieza a calar mis huesos.
¿Estoy rodeada de
algo en particular? No. Mi cuerpo parece tener la ropa puesta, al menos eso
palpo.
Ojalá pudiese ver
algo. Esa oscuridad me está poniendo realmente nerviosa y más teniendo la
sensación de ser observada por alguien y no estar sola.
Intento
tranquilizar mi respiración. El eco parece traerme mi respiración una y otra
vez pero después comienzo a percatarme de que el supuesto eco no tiene el mismo
ritmo. Allí hay alguien más.
Aprieto los puños
mientras mis latidos se aceleran. ¿Dónde estoy? ¿Quién está conmigo?
Siento un objeto
gélido rozar mi piel. Doy un brinco e intento escaparme de esa caricia.
Desconozco lo que ha podido tocarme y eso me pone aún más nerviosa. Miro a
todos lados pero la oscuridad no me permite ver ni tan siquiera mi nariz.
Unos dedos se
deslizan por mi brazo hasta agarrarlo e intento gritar por el miedo pero de mi
boca no sale ningún sonido. ¿He perdido la voz?
Mi cuerpo
lentamente se va quedando paralizado porque unos objetos helados agarran cada
parte de mis extremidades para inmovilizarme por completo. Intento forcejear
pero el miedo me tiene estática dejando que aquella serpenteante sustancia fría
haga conmigo lo que desee.
Poco a poco se va
iluminando todo a mi alrededor. Una pequeña luz desde lejos deja ver parte de
la oscuridad como penumbras. El foco de luz se va acercando lentamente hasta mi
posición.
Bajo mi mirada a mi
cuerpo y me percato que me tienen sujeta varias manos frías, que parecen
descomponerse. ¡No! Otra vez la misma pesadilla. Ahora soy consciente que no es
la realidad, que todo me es familiar, que es obvio que estoy sumergida en un
sueño.
Aquella llamita se
va acercando y observo que una mano la tiene sujeta mientras camina a paso
lento.
Quiero llorar.
Estoy aterrada y no tengo manera de escaparme. No parece que vaya a despertar
pronto. El sueño es tan vivido que sé que mi cuerpo está sudando fríamente.
Unos ojos rojos me
observan desde el otro lado del candil y despierto sobresaltada gritando con
todas mis fuerzas.
Estoy en mi
habitación. Tengo un albornoz sobre mi cuerpo y no recuerdo como he llegado allí.
Me duele el pecho y la cabeza. Siento mis latidos en mis sienes y como mi
corazón sube hasta mi garganta. Las náuseas hacen su aparición y un escalofrío
recorre todo mi cuerpo haciendo que convulsione.
Alguien está junto
a mí. Giro mi cabeza y me encuentro con los gruesos cristales de las gafas de
Daniel. Me mira aterrado, su rostro está desencajado por la preocupación.
- ¿E-e-ll-ll-e-e?
No soy capaz de
responder tampoco puedo moverme tan solo permanecer observando aquellos ojos que
no me miran con dureza, ni esperando algo de mí sino que necesitando realmente
saber si estoy bien.
- ¿Es-s-t-t-tas
b-b-bi-bien? –pregunta mientras una de sus manos temblorosas sube hasta mi
mejilla.
Seca una de mis
lágrimas y es entonces cuando me doy cuenta que estoy llorando sin consuelo
mientras mi cuerpo tirita. Cierro mis ojos y me estremezco sin pronunciar
palabra aún. Solo deseo que esos brazos me rodeen y me abracen. Quiero sentirme
segura, llorar y llorar durante horas mientras alguien me abraza, me protege y
no deja que me suceda nada.
- ¿E-e-ll-ll-e-e?
No hay comentarios:
Publicar un comentario