domingo, 14 de octubre de 2012

Segunda parte (Capítulo 3)


Sus labios son tan suaves. No sé qué puedo hacer. Jamás en mi vida he recibido un beso pero es lo más hermoso que puede pasarme. En mi estómago siento un hormigueo y mis mejillas se vuelven completamente rojas por la vergüenza de no ser capaz de devolver aquel gesto.
Sus pequeñas manos se posan sobre mis mejillas y sigue besándome. Mis manos temblorosas suben hasta las suyas y ella se encarga de entrelazar nuestros dedos.
Aquello es el cielo. ¿Me amará acaso? No me importa. Solo quiero perderme en ese beso toda la vida.
Con delicadeza sus labios van llevándose los míos abriéndolos. Es lo mejor que ha podido pasarme nunca.
Acaricia con delicadeza con sus dedos los lóbulos de mis orejas y sin que abra los ojos soy capaz de saber que ella me está mirando. Separa un solo instante aquellos delirantes labios de los míos y suspira.
- No me dejes, Daniel –murmura-. Tú no.
Mi vulnerable y frágil Elle. Jamás iba a irme de su lado aunque me lo gritase. Solté una de sus manos mientras negaba y la puse sobre su mejilla.
- N-n-nun-n-c-c-ca –respondo.
Vuelve a besarme complacida al escuchar aquella promesa de entre mis labios y enreda sus pequeños dedos en mi cabello apretando nuestros labios de manera que me cuesta respirar un poco. 
No me es fácil saber qué hacer pero sus labios se amoldan a los míos sin mucha dificultad y aunque me cuesta, me dejo llevar. Dejo que me guíe. Ella tiene experiencia al menos besando pues otras veces la veía besarse con Clive. Ahora esa perfecta boca era mía. No la soltaría jamás.
Su boca se oprime más contra la mía como si necesitase que la besase para seguir viva y solamente por ese pensamiento es cuando mi mano se apoya en su nuca atrayendo todo lo que puedo a mi rostro, el suyo cincelado por los ángeles.
Siento como poco a poco se está poniendo de rodillas sobre la cama y tengo que alzar mi rostro hasta el suyo para que nuestras bocas no se separen.
Puedo notar como me necesita tanto como yo a ella pero no sé de qué manera la ansío.
Mi corazón palpita tan fuerte que me duele el pecho pero es la primera vez que el dolor me gusta. Mi respiración se entrecorta y escucho como ambos jadeamos suavemente entre nuestras bocas por la intensidad que está alcanzando ese beso. Hay pasión, hay locura, hay amor mezclado con amargura y no podría ser más feliz.
Sé que está desnuda ante mí. Vulnerable. Nadie antes la ha contemplado así y soy yo quien ahora la besa desesperado por no perderla nunca. Deseoso de fundirme en su alma para no tener que alejarme ni un milímetro de ella, de su fragancia, de todo lo que invita a cometer pecados siendo ella el mal a consumar.
Devoradora de almas, Elle se transforma en una diosa de la seducción que con su cuerpo logra descubrir en mí sensaciones hasta ahora desconocidas.
Toma mi mano en medio de aquel beso loco y hace que descienda de nuevo por sus curvas lujuriosas. No me resisto, lo hago gustoso.
Su piel bajo mi palma reacciona a su paso. Sus poros se abren, ella se estremece y su respuesta voluntaria es besarme con más pasión.
Gimo levemente sobre sus labios cuando mis dedos rozan la comienzo de esos montículos. Llevo mi otra mano a su cuerpo y los tomo consiguiendo que de Elle escape un glorioso gemido que no reprime.
El rubor cubre nuestros rostros pero la pasión es cegadora. Quiero volver a escuchar esos sonidos que se mezclan con mi propio adn.
Aprieto sus senos cuando mis manos los abarcan por completo y ella vuelve a gemir. Me regala ese grito ahogado que me hace estremecer de pies a cabeza. Siento mi cuerpo vibrando por la excitación de aquellas sensaciones y dejo que a pesar de mis miedos gobierne en mi raciocinio mis impulsos.
 Mis pulgares comienzan a jugar con aquellos botones que empiezan a endurecerse y me quedo absorto mirándolos sin dejar de mover mis dedos a su alrededor. Es encantador escuchar sus reacciones contra mi boca.
Ella me quita las gafas y las deja a un lado mientras nos tumba lentamente en la cama. Coloco entre sus piernas y estira mi labio inferior con sus dientes. Sonrío como tonto.
- Bé.. bésame –murmura sonrojada.
Contemplo su belleza unos segundos entrecerrando mis ojos y vuelvo a besar sus labios torpemente pero a ella parece gustarle. No lo rechaza.
Mis manos mientras tanto continúan acariciando aquella parte de su anatomía que deseo venerar el resto de mi existencia.
- En… en… el cuello –musita entre jadeos y gemidos.
Agarra mis muñecas para que no me separe de sus senos por lo que comprendo que debe querer tener mis labios en su cuello de cisne. Me separo con dificultad de aquellas pequeñas almohadas y recorro con mi boca el camino que hay de su comisura hasta la parte más alta de su cuello como si fuese una simple caricia mientras ella echa su cabeza hacia atrás dejándome garganta a mi disposición.
- Bésame –me indica.
Asiento y dejo un pequeño beso en él. Ella complacida sonríe y emite un pequeño ronroneo que me indica que le gusta. Vuelvo a besar su cuello y voy bajando dejando minúsculos besos por toda su longitud.
Sé que solamente me ha pedido su cuello pero ¿qué pasaría si recorriese con mis labios aquellos montículos que ahora tengo entre mis manos?
Mis manos descienden por sus costados soltando sus senos acariciando con dulzura la forma de sus curvas. No debería estar haciendo eso pero me gustan las reacciones que causa en ella. Comienzo a besar su clavícula bajando hasta el comienzo de sus pechos. No puedo evitar gemir al notar como su piel va siendo cada vez más suave bajo mis labios.
- Daniel…
Escuchar mi nombre salir de entre sus labios no me hace parar sino al contrario me anima a continuar.
Sigo descendiendo por aquellos hermosos montículos y beso cada centímetro de aquella piel única sin posible comparación. En mi cabello siento como sus dedos se agarran entre mis mechones y mientras arquea suavemente su espalda empuja mi boca más contra aquella perdición, ese pecado divino que son sus pechos.
Sus labios deben estar muy abiertos porque la escucho sin problema alguno gemir una y otra vez por aquella nueva sensación que estamos ambos experimentando.
Estiro mis dedos por su piel hasta que abarco casi por completo el costado de sus caderas y la parte superior de sus muslos. Me estoy volviendo adicto a todo aquello.
Dejo un beso sobre cada uno de sus pezones tan duros como piedrecitas y ella vuelve a emitir esos sonidos que tanto me atraen.
Sonrío con mi respiración acelerada y ella me frena cuando voy a volver a besar su anatomía. Me mira a los ojos y con sus manos colocándolas en mi espalda va subiendo mi jersey. Poco a poco, sin prisas. Me lo quita por el hueco de la cabeza y lo tira fuera de la cama. Después pasa uno de sus dedos por mi flequillo y me lo aparta de los ojos.  Tan dulce como el primer día.
Permanecemos mirándonos a los ojos como dos niños que saben que están haciendo algo malo pero deseosos de continuar con esa diablura. Parpadea un par de veces mientras que las yemas de sus dedos rozan mis mejillas hasta encontrarse con mi polo. Desabrochan el primer botón. El segundo. El tercero. Sus manos bajan por mis costados y sacan el polo de mis pantalones para después quitármelo al igual que el jersey.
Me sonrojo por completo. Es la primera vez que alguien ve mi cuerpo sin ropa, al menos que yo sea consciente de ello y quitando la vez que descubrí como ella misma me había visto cambiarme la ropa.
Ahora las sensaciones son tan diferentes. No quiero huir como ese día por la vergüenza. Quiero quedarme y que ambos disfrutemos de la desnudez del otro de todas las maneras existentes.
Elle baja su rostro y besa mis labios lentamente mientras que sus manos recorren mi espalda haciéndome jadear en su boca, en aquella dulce boca en la que moriría feliz.
Cuando llega a la cinturilla de mi pantalón desliza suavemente sus dedos por dentro haciendo que mis manos situadas sobre sus muslos los aprieten instintivamente. Sus pequeñas manos se sitúan entre nuestros cuerpos y desabrocha el botón de mi pantalón bajando poco a poco el vaquero ayudándose de sus pequeños pies.
Me besa con más pasión y en unos minutos estoy completamente desnudo al igual que ella.
Mi respiración y mi corazón están a un ritmo loco y puedo sentir contra mi pecho que a ella le sucede igual.
Muerde suavemente mis labios y sus dedos se hunden en mi cabello instándome a besarla con la misma desesperación con la que ella lo está haciendo. Me cuesta un poco pero le devuelvo la misma necesidad que recorre mi cuerpo o al menos eso es lo que creo.
Gemimos en la boca del otro mientras soy capaz de darme cuenta de una excitación asombrosa que recorre mi ser. Siento una presión en mi entrepierna que me hace desear más de aquella situación pero no sé qué se puede tener a parte de esos besos, esas caricias y ese encantador sonido que sale de su garganta.
- Haz… hazme el amor –susurra Elle entre besos apasionados.
- N-n-no… n-n-no.. s-s-sé –respondo.
He leído sobre esos encuentros en los que un hombre y una mujer se entregan hasta el amanecer para demostrarse su amor, su pasión, su lujuria y desenfreno pero desconozco como hacer que ella sienta en su piel lo que en mi interior siento.
“Intenta recordar”  me obligo mentalmente para pensar en las palabras exactas de alguna de aquellas novelas románticas que me darían la clave para hacer lo que mi amor me estaba pidiendo.
Entrar en su interior. Esa era la única frase que llegaba a mi mente pero ¿cómo entraría en su interior? ¿Qué significaba exactamente?
Elle sube sus piernas flexionándolas a mis costados y por ese movimiento siento como nuestros sexos se rozan lo que nos hace gemir audiblemente a los dos.
Me mira avergonzada y baja su mano por mi cuerpo hasta que siento como agarra mi miembro en esa pequeña mano. Ella se sonroja aún más que antes pero yo la beso para que entienda que todo lo que soy es suyo para siempre.
Noto como la punta de mi miembro roza una entrada humedecida y eso me hace gemir de nuevo. ¿Es eso hacer el amor? De ser así no es tan placentero al menos para una parte de mi anatomía pero si disfruto de ello.
Su boca me besa con más necesidad como a la espera de algo y es en ese momento cuando recuerdo otra frase de mis lecturas. “Nuestro vaivén…” Debería moverme por lo que lo hago. Me inclino más sobre ella y es entonces cuando siento como voy penetrando en su interior sin querer pero el placer de ambos nos hace separar nuestras bocas para pedir más.
Elle aprieta más sus dedos en mi cabello haciéndome un poco de daño pues tira de algunos mechones pero vuelvo a introducirme lentamente en ella.
Notar como se abren aquellas húmedas y delicadas paredes para dejarme paso me hace volverme loco de placer. Ahora si entendía las historias, aquello debía ser hacer el amor.
- En… entra y sal –susurra Elle jadeante.
Hago lo que me pide y no puedo describirme a mí mismo el placer que aquellas suaves embestidas estaba generando en mí mientras que nuestros gemidos se pierden en la habitación. 

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