Sus labios son tan
suaves. No sé qué puedo hacer. Jamás en mi vida he recibido un beso pero es lo
más hermoso que puede pasarme. En mi estómago siento un hormigueo y mis
mejillas se vuelven completamente rojas por la vergüenza de no ser capaz de
devolver aquel gesto.
Sus pequeñas manos
se posan sobre mis mejillas y sigue besándome. Mis manos temblorosas suben
hasta las suyas y ella se encarga de entrelazar nuestros dedos.
Aquello es el
cielo. ¿Me amará acaso? No me importa. Solo quiero perderme en ese beso toda la
vida.
Con delicadeza sus
labios van llevándose los míos abriéndolos. Es lo mejor que ha podido pasarme
nunca.
Acaricia con
delicadeza con sus dedos los lóbulos de mis orejas y sin que abra los ojos soy
capaz de saber que ella me está mirando. Separa un solo instante aquellos
delirantes labios de los míos y suspira.
- No me dejes,
Daniel –murmura-. Tú no.
Mi vulnerable y
frágil Elle. Jamás iba a irme de su lado aunque me lo gritase. Solté una de sus
manos mientras negaba y la puse sobre su mejilla.
- N-n-nun-n-c-c-ca –respondo.
Vuelve a besarme
complacida al escuchar aquella promesa de entre mis labios y enreda sus
pequeños dedos en mi cabello apretando nuestros labios de manera que me cuesta respirar
un poco.
No me es fácil
saber qué hacer pero sus labios se amoldan a los míos sin mucha dificultad y
aunque me cuesta, me dejo llevar. Dejo que me guíe. Ella tiene experiencia al
menos besando pues otras veces la veía besarse con Clive. Ahora esa perfecta
boca era mía. No la soltaría jamás.
Su boca se oprime
más contra la mía como si necesitase que la besase para seguir viva y solamente
por ese pensamiento es cuando mi mano se apoya en su nuca atrayendo todo lo que
puedo a mi rostro, el suyo cincelado por los ángeles.
Siento como poco a
poco se está poniendo de rodillas sobre la cama y tengo que alzar mi rostro
hasta el suyo para que nuestras bocas no se separen.
Puedo notar como me
necesita tanto como yo a ella pero no sé de qué manera la ansío.
Mi corazón palpita
tan fuerte que me duele el pecho pero es la primera vez que el dolor me gusta.
Mi respiración se entrecorta y escucho como ambos jadeamos suavemente entre
nuestras bocas por la intensidad que está alcanzando ese beso. Hay pasión, hay
locura, hay amor mezclado con amargura y no podría ser más feliz.
Sé que está desnuda
ante mí. Vulnerable. Nadie antes la ha contemplado así y soy yo quien ahora la
besa desesperado por no perderla nunca. Deseoso de fundirme en su alma para no
tener que alejarme ni un milímetro de ella, de su fragancia, de todo lo que invita
a cometer pecados siendo ella el mal a consumar.
Devoradora de
almas, Elle se transforma en una diosa de la seducción que con su cuerpo logra
descubrir en mí sensaciones hasta ahora desconocidas.
Toma mi mano en
medio de aquel beso loco y hace que descienda de nuevo por sus curvas
lujuriosas. No me resisto, lo hago gustoso.
Su piel bajo mi
palma reacciona a su paso. Sus poros se abren, ella se estremece y su respuesta
voluntaria es besarme con más pasión.
Gimo levemente
sobre sus labios cuando mis dedos rozan la comienzo de esos montículos. Llevo
mi otra mano a su cuerpo y los tomo consiguiendo que de Elle escape un glorioso
gemido que no reprime.
El rubor cubre
nuestros rostros pero la pasión es cegadora. Quiero volver a escuchar esos
sonidos que se mezclan con mi propio adn.
Aprieto sus senos
cuando mis manos los abarcan por completo y ella vuelve a gemir. Me regala ese
grito ahogado que me hace estremecer de pies a cabeza. Siento mi cuerpo
vibrando por la excitación de aquellas sensaciones y dejo que a pesar de mis
miedos gobierne en mi raciocinio mis impulsos.
Mis pulgares comienzan a jugar con aquellos
botones que empiezan a endurecerse y me quedo absorto mirándolos sin dejar de
mover mis dedos a su alrededor. Es encantador escuchar sus reacciones contra mi
boca.
Ella me quita las
gafas y las deja a un lado mientras nos tumba lentamente en la cama. Coloco
entre sus piernas y estira mi labio inferior con sus dientes. Sonrío como
tonto.
- Bé.. bésame –murmura
sonrojada.
Contemplo su belleza
unos segundos entrecerrando mis ojos y vuelvo a besar sus labios torpemente
pero a ella parece gustarle. No lo rechaza.
Mis manos mientras
tanto continúan acariciando aquella parte de su anatomía que deseo venerar el
resto de mi existencia.
- En… en… el cuello
–musita entre jadeos y gemidos.
Agarra mis muñecas
para que no me separe de sus senos por lo que comprendo que debe querer tener
mis labios en su cuello de cisne. Me separo con dificultad de aquellas pequeñas
almohadas y recorro con mi boca el camino que hay de su comisura hasta la parte
más alta de su cuello como si fuese una simple caricia mientras ella echa su
cabeza hacia atrás dejándome garganta a mi disposición.
- Bésame –me indica.
Asiento y dejo un
pequeño beso en él. Ella complacida sonríe y emite un pequeño ronroneo que me
indica que le gusta. Vuelvo a besar su cuello y voy bajando dejando minúsculos
besos por toda su longitud.
Sé que solamente me
ha pedido su cuello pero ¿qué pasaría si recorriese con mis labios aquellos
montículos que ahora tengo entre mis manos?
Mis manos
descienden por sus costados soltando sus senos acariciando con dulzura la forma
de sus curvas. No debería estar haciendo eso pero me gustan las reacciones que
causa en ella. Comienzo a besar su clavícula bajando hasta el comienzo de sus
pechos. No puedo evitar gemir al notar como su piel va siendo cada vez más
suave bajo mis labios.
- Daniel…
Escuchar mi nombre
salir de entre sus labios no me hace parar sino al contrario me anima a
continuar.
Sigo descendiendo
por aquellos hermosos montículos y beso cada centímetro de aquella piel única
sin posible comparación. En mi cabello siento como sus dedos se agarran entre
mis mechones y mientras arquea suavemente su espalda empuja mi boca más contra
aquella perdición, ese pecado divino que son sus pechos.
Sus labios deben
estar muy abiertos porque la escucho sin problema alguno gemir una y otra vez
por aquella nueva sensación que estamos ambos experimentando.
Estiro mis dedos
por su piel hasta que abarco casi por completo el costado de sus caderas y la
parte superior de sus muslos. Me estoy volviendo adicto a todo aquello.
Dejo un beso sobre
cada uno de sus pezones tan duros como piedrecitas y ella vuelve a emitir esos
sonidos que tanto me atraen.
Sonrío con mi
respiración acelerada y ella me frena cuando voy a volver a besar su anatomía.
Me mira a los ojos y con sus manos colocándolas en mi espalda va subiendo mi
jersey. Poco a poco, sin prisas. Me lo quita por el hueco de la cabeza y lo
tira fuera de la cama. Después pasa uno de sus dedos por mi flequillo y me lo
aparta de los ojos. Tan dulce como el
primer día.
Permanecemos
mirándonos a los ojos como dos niños que saben que están haciendo algo malo
pero deseosos de continuar con esa diablura. Parpadea un par de veces mientras
que las yemas de sus dedos rozan mis mejillas hasta encontrarse con mi polo.
Desabrochan el primer botón. El segundo. El tercero. Sus manos bajan por mis
costados y sacan el polo de mis pantalones para después quitármelo al igual que
el jersey.
Me sonrojo por
completo. Es la primera vez que alguien ve mi cuerpo sin ropa, al menos que yo
sea consciente de ello y quitando la vez que descubrí como ella misma me había
visto cambiarme la ropa.
Ahora las
sensaciones son tan diferentes. No quiero huir como ese día por la vergüenza.
Quiero quedarme y que ambos disfrutemos de la desnudez del otro de todas las
maneras existentes.
Elle baja su rostro
y besa mis labios lentamente mientras que sus manos recorren mi espalda
haciéndome jadear en su boca, en aquella dulce boca en la que moriría feliz.
Cuando llega a la
cinturilla de mi pantalón desliza suavemente sus dedos por dentro haciendo que
mis manos situadas sobre sus muslos los aprieten instintivamente. Sus pequeñas
manos se sitúan entre nuestros cuerpos y desabrocha el botón de mi pantalón bajando
poco a poco el vaquero ayudándose de sus pequeños pies.
Me besa con más
pasión y en unos minutos estoy completamente desnudo al igual que ella.
Mi respiración y mi
corazón están a un ritmo loco y puedo sentir contra mi pecho que a ella le
sucede igual.
Muerde suavemente
mis labios y sus dedos se hunden en mi cabello instándome a besarla con la
misma desesperación con la que ella lo está haciendo. Me cuesta un poco pero le
devuelvo la misma necesidad que recorre mi cuerpo o al menos eso es lo que
creo.
Gemimos en la boca
del otro mientras soy capaz de darme cuenta de una excitación asombrosa que
recorre mi ser. Siento una presión en mi entrepierna que me hace desear más de
aquella situación pero no sé qué se puede tener a parte de esos besos, esas
caricias y ese encantador sonido que sale de su garganta.
- Haz… hazme el
amor –susurra Elle entre besos apasionados.
- N-n-no… n-n-no.. s-s-sé –respondo.
He leído sobre esos
encuentros en los que un hombre y una mujer se entregan hasta el amanecer para
demostrarse su amor, su pasión, su lujuria y desenfreno pero desconozco como hacer
que ella sienta en su piel lo que en mi interior siento.
“Intenta recordar” me obligo mentalmente para pensar en las
palabras exactas de alguna de aquellas novelas románticas que me darían la
clave para hacer lo que mi amor me estaba pidiendo.
Entrar en su
interior. Esa era la única frase que llegaba a mi mente pero ¿cómo entraría en
su interior? ¿Qué significaba exactamente?
Elle sube sus
piernas flexionándolas a mis costados y por ese movimiento siento como nuestros
sexos se rozan lo que nos hace gemir audiblemente a los dos.
Me mira avergonzada
y baja su mano por mi cuerpo hasta que siento como agarra mi miembro en esa
pequeña mano. Ella se sonroja aún más que antes pero yo la beso para que
entienda que todo lo que soy es suyo para siempre.
Noto como la punta
de mi miembro roza una entrada humedecida y eso me hace gemir de nuevo. ¿Es eso
hacer el amor? De ser así no es tan placentero al menos para una parte de mi
anatomía pero si disfruto de ello.
Su boca me besa con
más necesidad como a la espera de algo y es en ese momento cuando recuerdo otra
frase de mis lecturas. “Nuestro vaivén…” Debería moverme por lo que lo hago. Me
inclino más sobre ella y es entonces cuando siento como voy penetrando en su interior
sin querer pero el placer de ambos nos hace separar nuestras bocas para pedir
más.
Elle aprieta más
sus dedos en mi cabello haciéndome un poco de daño pues tira de algunos
mechones pero vuelvo a introducirme lentamente en ella.
Notar como se abren
aquellas húmedas y delicadas paredes para dejarme paso me hace volverme loco de
placer. Ahora si entendía las historias, aquello debía ser hacer el amor.
- En… entra y sal –susurra
Elle jadeante.
Hago lo que me pide
y no puedo describirme a mí mismo el placer que aquellas suaves embestidas
estaba generando en mí mientras que nuestros gemidos se pierden en la
habitación.