La música suena muy
alta. En la casa de al lado tienen que estar dando una fiesta. Me levanto de la
cama de mi cuarto en la que estoy sentado y camino hasta la ventana. La mayoría
de mis compañeros de instituto bailan en el jardín junto a la piscina de la
casa de Philip, otro de los chicos que siempre se meten conmigo. Es por esa
razón por la que no estoy a salvo en casa. Saben donde vivo.
Acaricio suavemente
el cristal de mi ventana. ¿Estará allí Elle? Suspiro y apoyo mi frente en el
cristal. Lo más probable es que Clive y ella bailen hasta las tantas de la
noche mientras se dan besos como otras veces he visto en los bailes escolares.
Jamás me invita nadie para que sea su pareja pero yo voy para verla a ella
brillar delante de todas las chicas que solo desean imitarla.
Veo su pequeña
figura rubia enfundada en un pequeño vestido azul caminando junto a su grupo de
amigas. Sonríe. Parece feliz. Algo que jamás sería si me acercase a ella.
Coloco mis gafas de
nuevo sobre el puente de mi nariz y nervioso muevo ligeramente mis manos hasta
tranquilizarme. Siempre me pongo nervioso cuando la veo y es normal. Es tan
perfecta.
Me quedo
observándola un instante más mientras que camina hacia la puerta de la casa de
al lado. Ojalá algún día hiciese lo mismo pero hasta aquí. Jamás vendría a
verme.
En ese momento alza
su pequeña cabeza rubia hasta la ventana de mi cuarto. Me ve y sonriendo
suavemente me saluda. Mi corazón late tan fuerte que solo soy capaz de responder
al saludo sin que se note demasiado lo importante que es para mí.
Me vuelvo a sentar
en la cama suspirando sabiendo que para Elle es algo sin importancia tratarme
como a todos los demás. Pero yo sé que no soy normal para ellos, tan solo soy
un estúpido del que burlarse y un folio al que copiar en los exámenes. Duele
sentirse así pero es la vida que me ha tocado. Debo afrontarla.
No quiero hacer
ruido. No deseo que sepan que estoy en casa. Voy hasta mi estantería y tomo el
último libro de aventuras que saqué de la biblioteca. Salgo de la habitación y
con sigilo bajo las escaleras. No quiero que me vea el señor Sullivan.
- ¿Daniel?
Tarde. Me quedo
completamente paralizado y no digo una sola palabra. No puedo. Verle, tan solo
verle hace que me den ganas de vomitar. Solo rezo en mi interior porque no
vuelva a estar borracho.
- ¡Daniel!
Ya está gritando.
No. No me gusta que grite. Rápidamente tapo mis oídos y le miro de reojo bajo
mi espeso flequillo. Le observo. Está riéndose con una botella de alcohol en la
mano. Se burla de mí pero no le entiendo al tener mis oídos tapados. Me gusta
no entenderle. Sabe como herir con las palabras al igual que con los puños.
La señora Sullivan
me mira nerviosa. Tiene el labio un poco hinchado. Eso hace que me ponga aún más
ansioso y tenga más miedo. ¿Se atreverá a pegarme otra vez? No le dejaré.
- Ven aquí –me
ordena.
Niego y salgo
corriendo al igual que hago con mis compañeros de clase. No me gusta que me
griten, tampoco que me peguen y es lo único que hacen. Hasta mis profesores
pierden la paciencia conmigo. No tengo la culpa de no poder responder como
debería. Mi cerebro lo hace pero mi boca no lo dice.
Abro la puerta del
jardín y sigo corriendo intentando escaparme de su castigo. Sé que me persigue.
- Ven aquí, muchacho
–agarra mi jersey.
No. Lo va a hacer.
Me pegará aquí fuera y mis compañeros de clase están en la casa de al lado.
Cualquiera puede verlo y reírse de mí al día siguiente en el instituto.
Me zarandea y me
tira al suelo. Siento como la tierra suena cuando choco contra ella. En los
ojos de Gilbert tan solo hay odio, mucho odio. Levanta su mano y me propina un
puñetazo que hace que me sangre el labio.
Sé lo que viene
después. Ahora se quitará el cinturón mientras me repite todo lo que me
detesta. Suspiro a punto de las lágrimas pero no debo hacerlo. No debo llorar.
- ¿Te divierte ser
como tú? ¿Un subnormal que tan solo causa problemas? ¿No te das cuenta que
nadie te quiere? –comienza.
Ha empezado. Sé que
ya no habrá final hasta que se canse. Me hago un ovillo en el suelo y al
escuchar el sonido del cuero de su cinturón en el aire pienso que todo está
perdido.
- ¡OIGA! –grita una
vocecita desde el otro lado del jardín.
No. Ella no. No
quiero que la lastime a ella. Abriendo mis ojos observo su pequeña figura
correr hasta donde me encuentro.
- ¡No le toque!
–vuelve a gritar mientras corre y se pone delante de mí.
- ¿Y tú quien eres
niñata? –sisea hipando ligeramente por la borrachera.
- Soy la hija del
hombre que puede convertir su vida en un infierno como se atreva a tocarme
–susurra con frialdad.
- Criatura
insolente. Te voy a enseñar a…
- ¡Gilbert! No la
toques.
Christine ha salido
hasta la puerta del jardín temblando de pies a cabeza. Ella si sabe quién es el
padre de Elle.
- ¿Por qué?
- Porque es la hija
de tu jefe –dice tajante.
A Gilbert los ojos
se le salen de las órbitas en ese momento e intenta vagamente disculparse pero Elle
no le hace el menor caso. Se ha girado para verme. Se pone de cuclillas y
acaricia suavemente mi cabello apartándolo de mi rostro.
- ¿Estás bien,
Daniel? –murmura con suavidad.
Asiento a modo de
respuesta y ella busca en su pequeño bolsito un pañuelo. Lo saca y tras
ayudarme a sentarme en el césped, apoya el suave algodón contra la herida que
tengo en el labio. Sonríe ligeramente y se acerca para dejar un beso en mi
frente.
- N-no ti-tie-nes
po-por qué qu-qu-quedarte. Vu-vu-elv-v-ve a la f-fi-es-s-sta –susurro.
Ella niega y suspira
tras escuchar mi frase. Mueve sus hombros intentando recobrar la compostura y
es en ese momento cuando puedo percatarme que sus ojos están ligeramente
hinchados y rojos. Ha debido llorar. ¿Qué la habrán hecho?
- La fiesta se
terminó para mí, Daniel.
Escucho como
intenta contener el llanto. Intento alzar al menos una mano para consolarla pero
temo con tanta intensidad que me rechace que permanezco paralizado
observándole. Ella continúa con su mano presionando mi herida y al cabo de unos
minutos consigo recuperar el habla.
- ¿P-P-Por
q-qu-qué? –tartamudeo.
Sus ojos azules se
fijan en los míos durante unos instantes. Tras ello echa mi flequillo hacia un
lado para que así pueda verle bien. Esa sensación de tener sus dedos entre los
mechones de mi cabello me pone nervioso y me hace sonrojar.
Al notar mi
sonrojo, ella desliza sus dedos por mi mejilla consiguiendo que me estremezca
por completo. Cientos de descargas eléctricas recorren mi columna vertebral
tensando mis músculos.
- He encontrado a
Clive acostándose con otra –responde mientras baja su mirada.
¿Clive acostándose
con otra? Sabía que ese chico era idiota pero no tanto como para engañar a esa
mujer que era sinónimo de perfección. Frunce sus labios mientras deja que las
lágrimas recorran sus mejillas hasta morir en sus labios. Las envidio aún más de
lo que he envidiado a Clive en algún momento de su existencia.
Ella está
vulnerable frente a mí. Alzo suavemente una mano temblorosa y seco una de todas
aquellas lágrimas observándole.
- ¿Por qué?
–pregunta de repente-. ¿Por qué me ha hecho eso? Ahora soy el hazmerreír de
todo el mundo por ser una estúpida chica que no ha sido capaz de hacer feliz a
su novio. ¿Acaso no soy lo suficiente para nadie?
Observo su delicado
rostro que está lleno de dolor pero parece que es más allá que el simple hecho
de no sentirse amada por su novio. Podría asegurar que se trata de un
sufrimiento más profundo.
Sé que necesita
palabras de consuelo pero no soy bueno hablando y puede que solo consiga
empeorar todo. Intento ponerme en su situación pensando qué es lo que realmente
querría yo si me encontrase así de alterado.
- Er-r-res
d-d-demasi-i-iado bu-u-uena p-p-para é-él –consigo decir al fin.
Sus ojos se
suavizan tras mis palabras y sus comisuras se curvan hacia arriba. He
conseguido que sonría a pesar de que sus mejillas aún sigan empapadas en
lágrimas. Niega levemente mientras se acerca un poco más a mí. Quita su suave
pañuelo de mi herida, de la cual ya no sale sangre, y acariciándome la mejilla
suspira.
- Tú sí que eres
demasiado bueno para este mundo, Daniel. Siempre tan tímido y tan solo te lo
responden con palos. Detesto que seas la diana de sus burlas cuando en mí lo
único que despiertas es ternura. Sé que no es mucho pero puedes contar conmigo
si lo necesitas. ¿Vale?
Despierto ternura
en ella. ¿Es eso algo bueno? No soy capaz de pensar pues su mano aún le está
regalando la vida a mi mejilla con ese suave roce. Es tan delicada y suave. Su
piel es igual que la seda. Me encantaría poder acariciarla todo el día.
Me sonríe y asiento
a modo de respuesta a esa pregunta que hace nos segundos me hizo. Su sonrisa se
ensancha y se acerca dejando un beso en mi mejilla. Puedo notar sus deliciosos
labios dejar su huella en mi pómulo. Cada parte de mi piel rozada por ella ya
ha sido conquistada por ella.
- ¿Puedo quedarme?
–suplica con su mirada-. ¿Puedo estar aquí contigo esta noche?
No puedo creerme lo
que está pidiéndome. Desea pasar esa noche en mi compañía. Nadie, absolutamente
nadie, ni tan siquiera yo habría imaginado que algo similar pasaría.
Elle se mueve para
sentarse a mi lado y apoya su pequeña cabecita en mi hombro. Giro mi cabeza
hacia su cabello y aspiro su aroma profundamente aunque siendo discreto
mientras lleno mis pulmones de él.
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