Abro uno de mis cuadernos y tomo el bolígrafo azul. Tengo que empezar a estudiar. Soy un chico de costumbres y lamentablemente no puedo dejar de estudiar aunque sean vacaciones. Es algo superior a mí.
Estoy desnudo, sentado en la silla del escritorio y sin importarme si alguien puede verme por la ventana de la habitación.
Miro el folio cuadriculado completamente blanco. Sé que dentro de poco estará completamente lleno.
Escucho unos ruidos y sé que ella se está despertando ahora mismo. Se despereza y parpadea muchas veces como lo hace todos los días. Ese sonido de sábanas me indica que se está levantando.
No dejo de pasar el bolígrafo sobre el folio para que así ella no se percate que sé a la perfección que está despierta. Su fragancia comienza a invadir de nuevo la estancia. Su cabello se está moviendo para soltar esa fragancia de dioses.
Escucho como sus pies chocan contra el suelo cada vez que da un paso. Sonrío, no puedo evitarlo, ella se está acercando.
"... estudió bajo las órdenes de uno de los pintores más famosos del momento... "
- Hmmmm -ronronea en mi oído y acaricia mi cuello lentamente con la punta de su nariz- Mira quien está despierto estudiando.
- Y-yo -susurro estremeciéndome al sentir como su aliento golpea mi piel.
- Sí, sé que eres tú -desliza sus pequeñas manos por mi pecho- ese cuerpecito me lo conozco bastante bien -besa mi cuello y roza mis pectorales.
- E-e-e-elle -jadeo suavemente y pongo mis manos sobre las suyas.
Gira la silla y se sienta en mis piernas mirándome fijamente a los ojos. Ella está completamente desnuda también. Sonríe y sus dedos se deslizan por mis cabellos lentamente para después rozar sus labios con los míos.
- E-e-e-el-lle-murmuro sonriendo.
- Daniel -susurra y muerde su labio inferior lentamente- Vente un ratito a la cama. Me gusta estar entre tus brazos.
La miro completamente embelesado para después levantarme justo después de haberlo hecho esta. Sonrío y comienzo a observar su escultural cuerpo. Esos senos, esa piel completa e increíblemente sedosa.
Tomo su cadera con mis manos. Es la primera vez que puedo escaparme de mis rutinas y es porque su hechizo me atrae más que cualquier cosa.
Separo mis manos de ella y comienzo a retorcer mis dedos. Ella al darse cuenta se gira, toma mis manos y las besa. Me sonríe y me doy cuenta que es la mujer más hermosa de todo este mundo. Nadie podrá igualarla porque su belleza aumenta cada día.
Se tumba en la cama y hago lo mismo mientras que acaricio sus manos con las mías. No me deja tumbarme a su lado, me pone sobre ella y me acurruco en su pecho rodeando su cintura dejando mi cabeza sobre sus senos.
- Me encanta estar así contigo -murmura- siempre lo he querido.
Cierro mis ojos y dejo que sus caricias en mi nuca comiencen a tranquilizarme. Ella es la única que sabe como llevarme a un lugar donde no existe el sufrimiento.
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